Denuncian la intimidación de los cárteles a los medios mexicanos
MÉXICO DF (Reuters) - En enero, sicarios secuestraron, torturaron y ejecutaron al reportero Valentín Valdés, para luego abandonar su cadáver frente a un motel, en una aparente venganza por haber identificado a un capo de la droga en su periódico.
La muerte de Valdés es sólo uno de los ataques recientes contra la prensa en México, donde más de 30 trabajadores de los medios de comunicación han desaparecido o muerto desde finales de 2006, según un estudio difundido el miércoles por el Comité para la Protección de los Periodistas con sede en Estados Unidos.
El presidente mexicano, Felipe Calderón, lanzó a finales de 2006 una campaña militar contra los cárteles del narcotráfico.
México, que tiene la segunda mayor economía de Latinoamérica, se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo, dijo el informe, y sus autoridades no son mucho mejores que sus pares en Somalia y Afganistán cuando se trata de resolver los delitos contra los medios.
Defensores de los derechos de los periodistas culpan a las autoridades mexicanas por permitir que una cultura de impunidad eche raíces, al no investigar y procesar adecuadamente los casos.
"Los ataques generalizados e impunes que están destruyendo el derecho que tienen los ciudadanos a la libertad de expresión", dijo el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).
La cantidad creciente de ataques contra los medios es sólo una cara de la ola de violencia que se ha cobrado las vidas de más de 28.000 personas desde que Calderón asumió el cargo, lo que ha erosionado la imagen de México en el exterior y puesto en peligro su recuperación económica tras la crisis global. Más del 90 por ciento de esos asesinatos queda impunes.
Ese fue el destino del asesinato del reportero Bladimir Antuna, quien fue secuestrado, torturado y estrangulado con un cinturón en la norteña ciudad de Durango en noviembre del año pasado. Su cadáver con múltiples heridas de bala fue más tarde abandonado en la calle.
Según un fiscal en Durango, las autoridades entrevistaron superficialmente a los testigos del secuestro de Antuna, y su esposa fue brevemente entrevistada por la policía. Continuación...

